• jueves 08 de diciembre del 2022

TS asegura la condena a 30 años a un exsacerdote por abusos sexuales a 7 menores en el seminario de Ciudad Real

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CIUDAD REAL, 13 Sep.

La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha podido confirmar la condena a 30 años de prisión impuesta a un exsacerdote por delitos de abusos sexuales a siete menores que cursaban estudios en el seminario de la Diócesis de Ciudad Real, donde el acusado era formador de los seminaristas.

La Sala desecha el recurso de casación interpuesto por el exsacerdote contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla La Mancha, que elevó a 30 años la pena de 22 años y 8 meses que le había impuesto la Audiencia Provincial de Ciudad Real. Además, asegura una multa por importe de 52.920 euros y una indemnización de 2.000 euros a todas las víctimas, según informó el Tribunal Supremo en publicación oficial.

La sentencia, ponencia del magistrado Juan Ramón Berdugo, repudia que las formas de proceder encausadas respondieran a un mero juego, como mantiene el recurso, y concluye que la actuación del recurrente "consistió en actos hábiles para agredir la indemnidad sexual de los menores".

Añade que en un caso así, así como apuntan las acusaciones pública y privada, "los capítulos de ahogadillas, que se muestran como un inocente juego, en el que de manera accidental podrían generarse roces o tocamientos involuntarios, suponen verdaderamente que el acusado sujetaba los genitales de los menores, siendo formas de proceder reiteradas y prolongadas en el tiempo a lo largo de toda la temporada de baño en la piscina y afectantes a múltiples estudiantes tutelados".

Para la Sala, "las curas en las habitaciones, forzando a los menores a bajarse los calzoncillos y palpándoles los genitales y el pene, so motivo de esas curas, tienen visible carácter sexual". "Tocar los genitales al menor a fin de que el año próximo 'le echase huevos' al curso no puede comprenderse como una técnica didáctica", añade.

Del mismo modo, cree que "llevar a cabo desvestir a los menores no puede ser considerado como una pura prueba de seguridad y los actos de masturbación o contemplación del pene de los menores atentan de manera visible a la independencia y también indemnidad sexual de estos".

Para el tribunal concurre la agravante de prevalimiento en relación a 4 de las siete víctimas al comprobarse que el excura se aprovechó de su situación de formador en el seminario, con todo cuanto ello comporta; la edad de las víctimas, cercana a los 13 años; y el ámbito donde se desarrollaron los hechos, en régimen de internado, sometidos a un ámbito de especialidad.

Todo ello establece, según la sentencia, "la presencia de una puerta de inseguridad sensible en los menores que el formador, utilizando de su autoridad inseparable al cargo que desempeñaba, aprovechó para perpetrar los delitos, logrando el viciado permiso de los menores". "El aprovechamiento de esta situación es inseparable de la cuenta de las víctimas como atacables: el prevalimiento existe por el hecho de que el creador es el formador de los menores, su tutor; y los menores, que tienen menos de los 16 años que fijaba la edad de permiso sexual y están próximos a los 13, están internos en el seminario, en un ámbito preciso y sometidos a una especialidad específica", prosigue.

La Sala considera creíbles los testimonios de las víctimas, corroborados por testificales y periciales, y repudia que orquestaran una maniobra tan amenazante contra el acusado.

En este sentido, señala que "es realmente difícil que tengan la posibilidad de ponerse en concordancia tantas personas (menores y sus progenitores) para montar un ámbito delictivo de esta extensión y que no hayan incurrido en grietas o contradicciones importantes, especialmente en el momento en que está probado las buenas relaciones que los menores sostenían hasta el momento con el que era su formador en el seminario así como los progenitores, con ciertos cuales la relación era aun de amistad". "Además, no consta que los menores tuviesen conocimiento de lo que les ocurría a el resto ni que lo hubieran comentado entre ellos, a pesar de que todos lo conocían por ser internos en el seminario".

Señala que las afirmaciones de los menores, como afirma la sentencia recurrida, "son visibles, exactas, congruentes en la incriminación y sin contradicciones en cuestiones importantes" y que fueron corroboradas por la declaración del propio acusado, que aceptó alguna intervención en los hechos. "Es verdad que no tiene que ver con una confesión de los hechos, ya que no reconoce su responsabilidad; sencillamente comprobamos la seguridad de la presencia de las ocasiones denunciadas, que no argumentan a puras invenciones de las víctimas", resalta la sentencia.

La Sala precisa que la manera en la que brotó la demanda le proporcionó carices de situación, siendo por medio de los curas de los pueblos y parroquias de los seminaristas y aún de otro seminarista mayor. También tiene relación a la declaración de la sicóloga del seminario que daba el curso de sexualidad y a la de los progenitores de los menores.

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